Se dice que el capitalismo comenzó con la revolución agrícola, cuando el humano dijo "esta tierra es mía", y se formalizó en su máximo esplendor cuando los trueques se convirtieron en transacciones mediante una moneda simbólica. Así mismo se entiende que el comunismo sería ese estado de hermandad tribal de los antiguos nómadas.
Pero en esta entrada pretendo ir más lejos, mucho más atrás, hasta la raíz de la vida misma. Se habla en biología de estrategias evolutivas, entre ellas las dos que nos competen son la cooperación y la competición.
Las condiciones físicas para la vida biológica limitan a la misma a un espacio, tiempo y recursos finitos. Es necesario que las criaturas consuman energía de su entorno, busquen nutrientes y se reproduzcan antes de acabar sus mortales vidas. La competencia entonces es esa feroz batalla por el terreno, los nutrientes y la opción de reproducirse.
La cooperación permite a las criaturas, sean estas de la misma especie o diferente, asociarse para formar alianzas o grupos, por ejemplo, un gusano es un colosal grupo de células especializadas que cooperan para mantenerse con vida las unas a las otras, notemos que bajo cierta anarquía ya que no hay una o unas células que gobiernen (las neuronas solo cumplen su rol), es un sistema auto-organizado.
De ahí para afuera, es el gusano contra el mundo, está compitiendo por nichos biológicos, por alimento, por terreno y protegerse de depredadores. Aunque también puede haber alguna relación de cooperación con algún otro organismo.
Volviendo al tema, podemos asociar nuestras ideologías políticas con ello, siendo el capitalismo un desenlace inminente de esa competitividad biológica, una vez que una criatura desarrolla un nivel de conciencia y creatividad para modificar su entorno, imaginar cosas y hacer planes a largo plazo, es inevitable que termine deseando tener todos los recursos posibles para si mismo y para sus descendientes, el poder de dominar a otras criaturas, la capacidad de protegerse de cualquier depredador y un sin fin de ventajas de ensueño.
Sería el comunismo la cooperación de la criatura con otras criaturas, mostrando cierta empatía para con ellas, repartiendo los recursos de manera equitativa y demás cosas que permitan el vivir en grupo o comunidad, tal como las células viven en nuestros cuerpos.
Hasta el momento pareciera que la competencia es un sinónimo de guerra y egoísmo, y la cooperación el estado último de la existencia, la unión divina de las almas. Pero todo tiene un pro y un contra, a continuación los explicaré:
Las dos estrategias biológicas, como dualidad de un sistema (sistema evolutivo) permiten el funcionamiento y existencia del mismo, por lo que son necesarias para que este asunto sea lo que es.
La competitividad tiene como contra ese desenlace belicoso que elimina al ser más débil, donde el pez grande se come al pequeño. Y su pro es que sin esta fuerza el sistema no avanzaría en complejidad y grandeza, o dicho de otra forma, en estos momentos la gama de criaturas (incluyéndonos nosotros) no existiríamos, sin la presión evolutiva de la competencia feroz, la vida en la tierra seguiría siendo un caldo primordial.
En la historia humana, las tecnologías cambiaron de lanzas de piedra a bronce a hierro, etc, para marcar el hito de una tribu o pueblo o imperio que se impone a otro, además de las guerras está la carrera espacial durante la guerra fría, una competencia científica, la lucha de enamorados por ver quién sorprende más a la candidata, la búsqueda de medios de entretenimiento más divertidos, que deja obsoletos a los anteriores, la competencia en deportes que llena el vacío que deja la ausencia de guerras, todo lo anterior nos ha llevado a un mundo cada vez más complejo, donde se erigen rascacielos colosales, redes de Internet globales, procedimientos médicos de ciencia ficción y luego la conquista de planetas.
De su lado la cooperación es una fuerza más estática, donde el pro es la convivencia y supervivencia de los individuos y del grupo, lo que además evita el ajetreo del cambio. De ahí que la vida en la tierra seguiría siendo un caldo primordial, con las primeras proteínas enlazadas o más bien abrazadas en paz, sin ninguna reacción tempestuosa de por medio, el fin del salseo de la vida.
Pero ese no es realmente el contra, es el pro, la paz eterna. El contra como se dijo al inicio de este artículo, es lo limitados que son los recursos para la vida, por ello en la naturaleza no se ve que la competitividad cese, todos los organismos vivos del planeta están destinados a una lucha eterna, ese fin donde plantas, animales y unicelulares se abrazan y dejan de comerse, convirtiéndose en una masa homogénea y pacífica es meramente utópico.
Hasta un aquietado bosque de árboles y arbustos tiene sus dinámicas competitivas así como cooperativas. La cooperación requiere de fuertes sistemas de control (centralizados o descentralizados) para evitar convertirse en un cáncer que crece sin cesar, o en una masa de insectos que acabaron con su sustento y ahora deben comerse entre sí, insatisfechos de la cada vez más pequeña ración que le toca a cada uno.
Notemos que la cooperación a pesar de ser una fuerza estática incentiva al crecimiento de la población, mientras la competitividad pese a su dinamismo incentiva el decrecimiento por la belicosidad.
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