Continuando con el tema político, voy a ejemplificar con una analogía el por qué hay quienes prefieren un sistema o el otro, la analogía trata sobre ver al ser humano como un robot según el capitalismo o como un perro doméstico según el comunismo. Se aclara que son visiones extremistas para entenderlas mejor, pero que en la realidad hay muchos matices.
En el capitalismo eres un robot, eres visto como un activo de producción cuyo valor radica en su capacidad o performance, si tienes problemas de salud física o mental, o naciste con bajas posibilidades de educación, serás una máquina desechable que no le importa al sistema, no habrá alimento ni servicio de salud si no tienes como pagarlo.
Pero si eres una máquina espléndida, con gran capacidad, con piezas mejoradas, serás un aparato de producción amado por el sistema, dominante sobre robots menores, estarás en la cima y las posibilidades de disfrutar la vida y explorar el mundo serán todas tuyas. Si aún no llegas tan alto pero tienes potencial, esfuérzate, lubrica los engranajes y funciona, que quizá algún día el día llegará.
En el comunismo eres un perro doméstico, eres visto como una criatura que requiere atenciones para funcionar, la ración de comida no tienes que buscarla, el dueño la pondrá en tu plato, si te enfermas te llevan al veterinario, tienes el techo de tu amo y ningún depredador entrará a atacarte, debes cumplir con tu trabajo asignado que es entretener al amo, cuidar la casa como un buen vigilante, y en algunos casos alguna otra tarea de perro doméstico.
Vemos que en este caso tienes todas las necesidades básicas resueltas, pero ¿qué sucede si pasa una perra en celo fuera de tu puerta? si los amos no permiten la unión o no están presentes, no pasa nada, ¿qué pasa si quieres salir al parque justo ya y por largo tiempo? si el amo no lo avala o no está disponible entonces te quedas en casa. Eres un perro que jamás podrá aventurarse al mundo, formar una jauría como el antepasado lobo y hacer cosas de perro salvaje, el amo da todo, pero al amo se le pide permiso para todo.
El caso del robot sucede porque el capitalismo es un sistema competitivo, mientras el perro al estar en un sistema cooperativo los recursos son compartidos y por tanto más limitados. Volviendo a lo humano, el capitalismo permite la existencia de clases sociales o niveles de privilegio, que irán a los extremos por efecto de realimentación positiva, gente muy pobre y gente muy rica.
Mientras en un sistema puramente comunista, tener el sueño de viajar por el mundo, o el sueño de tener los últimos gadgets tecnológicos de entretenimiento, o el sueño de tener fama como un influencer, o el sueño de un hobby particular, cuesta y el estado no podrá costear todas esas comodidades a millones de ciudadanos, y mucho menos a unos pocos que parezcan privilegiados, haciendo parecer que hay clases sociales.
Como vemos, ninguno de los sistemas en su variante extrema funcionan por si solos, la única forma de tener una política justa para toda la humanidad, es llegar a una síntesis o equilibrio de los opuestos.
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